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Miércoles, 10 de agosto de 2022 - 10:57 UTC

 

 

Embajador de Nicaragua ante OEA admite “dictadura” de Ortega

Jueves, 24 de marzo de 2022 - 10:11 UTC
“Seguir en silencio es imposible”, dijo McFields. “Seguir en silencio es imposible”, dijo McFields.

En una sorpresiva acción este miércoles, el embajador de Nicaragua ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) decidió no guardar silencio por más tiempo sobre lo que sucede en su país y se refirió a su gobierno como la “dictadura” del [presidente Daniel] Ortega.

“Tengo que hablar aunque tenga miedo, aunque mi futuro y el de mi familia sea incierto”, dijo el embajador Arturo McFields Yescas durante una comparecencia virtual.

“Tengo que hablar porque si no lo hago, las mismas piedras hablarán por mí”, continuó.

McFields, quien fue designado por el propio Ortega como embajador ante la OEA en octubre del año pasado, dijo que hablaba “en nombre de más de 177 presos políticos y más de 350 personas que han perdido la vida” en Nicaragua desde 2018.

“Denunciar la dictadura de mi país no es fácil, pero seguir callando y defendiendo lo indefendible es imposible”, subrayó el embajador.

McFields también dijo que, en noviembre pasado, días antes de que Nicaragua anunciara su salida de la OEA, pidió a la Cancillería la liberación de 20 altos opositores presos y otros 20 en estado delicado de salud, pero fue ignorado.

El 7 de noviembre, Ortega fue reelegido presidente con todos sus opositores en la cárcel o en el exilio.

“En el Gobierno nadie escucha y nadie habla. Lo intenté varias veces durante varios meses, pero todas las puertas estaban cerradas para mí”, continuó McFields.

También dijo que en su país “no hay libertad para publicar un simple tuit” y subrayó que no quedaba ninguna organización de derechos humanos en pie.

Sin embargo, dijo que los nicaragüenses están llegando a un límite: “La gente dentro y fuera del Gobierno está cansada de la dictadura”.

“Cada vez más personas van a decir basta porque la luz siempre es más fuerte que la oscuridad”.

Ortega inició su quinto mandato el 10 de enero, el segundo con su esposa, Rosario Murillo, como vicepresidenta, a pesar de las nuevas sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea (UE) contra familiares y allegados del presidente.