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Malvinas al alcance de la mano, de no haber sido por la guerra: Embajador Ortiz de Rozas

Miércoles, 19 de marzo de 2014 - 11:12 UTC
Ortiz de Rozas fue embajador en Londres previo a la guerra donde venía negociando la entrega pacífica de las Malvinas Ortiz de Rozas fue embajador en Londres previo a la guerra donde venía negociando la entrega pacífica de las Malvinas
Galtieri, influenciado por Anaya, hizo reemplazar a Ortiz de Rozas por un marino para que explicara a Gran Bretaña las razones de la invasión Galtieri, influenciado por Anaya, hizo reemplazar a Ortiz de Rozas por un marino para que explicara a Gran Bretaña las razones de la invasión

Falleció en Buenos Aires el jueves 13 de marzo, a los 87 años, el embajador Carlos Ortiz de Rozas, quien dedicara toda su vida a la diplomacia y en su larga trayectoria estuvo muy vinculado al tema Islas Malvinas, convencido de no haber sido por la invasión militar de 1982, en las Islas hoy estaría flameando la bandera argentina.

 Según una necrológica de Clarín, Ortiz de Rozas ingresó a los 22 años al servicio exterior de Argentina, fue asesor del dictador Jorge Videla, tuvo a su cargo las negociaciones con Gran Bretaña por Malvinas hasta poco antes de estallar la guerra en 1982, fue embajador de Raúl Alfonsín y de Carlos Menem y, ya retirado de la diplomacia, presidente de la Fundación Bunge y Born.

También fue embajador en Austria, en Naciones Unidas, en Gran Bretaña, en Francia y en Estados Unidos.

En 1971 se candidateó a secretario general de la ONU, impulsado por Francia, pero la entonces URSS vetó sus anhelos porque no lo consideró un representante del Tercer Mundo: Argentina había firmado el Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR) con Estados Unidos.

Volvió a ser candidato en 1981 y volvió a ser vetado esta vez por Gran Bretaña, Francia y la pertinaz URSS.

Cuando era un joven diplomático fue testigo y traductor de la segunda entrevista entre el entonces presidente argentino Arturo Frondizi y John Kennedy, de la que dejó un testimonio vibrante y minucioso en sus memorias, “Confidencias diplomáticas”, publicadas en 2011.

Tuvo grandes desavenencias con Nicanor Costa Méndez, canciller del gobierno del dictador Leopoldo Galtieri quien, en vísperas de la guerra de las Islas Malvinas, torció la cuidada carrera de Ortiz de Rozas.

En 1981 y en los primeros meses de 1982, Ortiz de Rozas, “Charly” para sus amigos, “El Bronce” para sus enemigos, era embajador en Londres y el encargado de negociar con los británicos la soberanía de Malvinas.

El embajador fue, siempre un defensor a ultranza de la negociación con Gran Bretaña: “Argentina no cejará hasta obtener satisfacciones a su reclamo. Hay que perseverar en el esfuerzo”, dijo entonces. Y después de la derrota en las Islas, sostuvo siempre que, de no haber habido guerra, la Argentina hubiera reconquistado las Malvinas por la vía pacífica.

Pero el 6 de enero de 1982, con la guerra ya decidida, la Junta Militar decidió que había que sacar a Ortiz de Rozas de Londres.

El argumento, esgrimido por el inspirador de la guerra, el almirante Jorge Anaya, decía que ante la inminencia del desembarco era necesario un embajador militar en Londres, un marino, para que le explicara a las fuerzas armadas inglesas los motivos de la invasión: como si Margaret Thatcher no habitara entonces el 10 de Downing Street.

Después de un intercambio un tanto espurio de ofertas y pretensiones, Ortiz de Rozas quedó a cargo de la negociación por el Beagle y la embajada en Londres en manos del contralmirante Carlos Luchetta.

Galtieri quiso saber su opinión sobre una eventual invasión argentina a las Islas Malvinas: “Presidente –fue la respuesta– hay que evitar que se le tuerza un tobillo a un inglés. Que no muera nadie”. El embajador negó siempre haber sido avisado de un desembarco.

Ortiz de Rozas fue embajador en París durante el gobierno de Raúl Alfonsín y quiso terminar su carrera diplomática como representante argentino en Washington. Lo logró. Intimó entonces con George Bush padre, a quien había conocido en sus años de embajador en la ONU y con quien compartió muchos momentos en el microcine de la Casa Blanca.

Los nuevos aires que llevaron al poder a Bill Clinton, también pusieron fin a la vida diplomática de Ortiz de Rozas.