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Domingo, 20 de mayo de 2018 - 19:44 UTC

El clima de 2017, el más caro de la historia

Viernes, 23 de marzo de 2018 - 13:43 UTC
Dos hermanos sentados en lo que queda de su casa, que fue severamente dañana por el huracán Irma en Grand Turks, en las islas de Turcos y Caicos. (UNICEF) Dos hermanos sentados en lo que queda de su casa, que fue severamente dañana por el huracán Irma en Grand Turks, en las islas de Turcos y Caicos. (UNICEF)

Una gran actividad ciclónica en el Atlántico Norte, graves inundaciones causadas por los monzones en el subcontinente indio y continuas sequías en zonas del África Oriental convirtieron 2017 en el año con el mayor número de pérdidas económicas relacionadas con fenómenos meteorológicos y climáticos extremos documentado hasta el momento, revela el último informe de la agencia de la ONU encargada de observar el tiempo.

 En su última Declaración sobre el estado del clima mundial en 2017, la Organización Meteorológica Mundial destaca los efectos devastadores de las condiciones meteorológicas extremas en el desarrollo económico, la seguridad alimentaria, la salud y la migración, que han costado unos 320.000 millones de dólares.

La Declaración, que este año cumple su vigesimoquinta edición y que se ha publicado en víspera de la celebración del Día Meteorológico Mundial, señala que en 2017 se registraron temperaturas medias mundiales de alrededor de 1,1 °C por encima de los niveles preindustriales.

La temperatura media mundial del período comprendido entre 2013 y 2017 es el promedio quinquenal más elevado jamás registrado. Los nueve años más cálidos se han producido a partir de 2005 y los cinco más cálidos de todos ellos a partir de 2010.

Además, las mediciones directas del CO2 atmosférico durante los últimos 800.000 años han indicado variaciones naturales de entre 180 y 280 ppm.

“Esto demuestra que la concentración actual de CO2 de 400 ppm excede la variabilidad natural observada durante cientos de miles de años”, se especifica en la Declaración.

Tales niveles de CO2 supondrán, como ha señalado Petteri Taalas, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial, que “el planeta enfrentará un futuro más cálido y una mayor cantidad de fenómenos meteorológicos, climáticos e hidrológicos extremos”.

De hecho, Talaas resaltó que en el comienzo de 2018 se mantiene la tendencia de 2017: las condiciones meteorológicas extremas continúan cobrándose vidas y destruyendo medios de subsistencia. Por ejemplo, en el Ártico se observaron temperaturas excepcionalmente altas, mientras que las zonas densamente pobladas del hemisferio norte se vieron afectadas por fríos de especial crudeza y tormentas de invierno devastadoras. Australia y Argentina padecieron olas de calor extremas, la sequía siguió azotando a Kenya y Somalia, y Ciudad del Cabo (Sudáfrica) se enfrentó a una gran escasez de agua.

Repercusiones socioeconómicas…

En 2017, se produjeron numerosos desastres con grandes impactos económicos. Munich Re evaluó el total de pérdidas por desastres provocados por fenómenos meteorológicos y climáticos en 320.000 millones de dólares, la mayor cuantía anual jamás registrada.

Las naciones vulnerables se ven especialmente afectadas por los impactos climáticos, como se pone de manifiesto en un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional, en el que se advirtió que un aumento de 1 °C de la temperatura podría reducir considerablemente las tasas de crecimiento económico en muchos países de bajos ingresos.

… y para la salud

El riesgo general de contraer enfermedades relacionadas con el calor o de fallecer como consecuencia de este ha aumentado de forma constante desde 1980, y actualmente cerca del 30 % de la población mundial vive en condiciones climáticas capaces de generar temperaturas potencialmente letales al menos 20 días al año, según datos de la Organización Mundial de la Salud que se citan en la Declaración.

Un capítulo especial se dedica a las enfermedades transmitidas por vectores como el virus del Zika, que se vio favorecido por unas condiciones climáticas benignas que estimularon su y amplificaron la transmisión de la enfermedad, como sucedió especialmente entre 2014 y 2016.

También plantea problemas de sociopolíticos como la emigración

En 2016, los desastres meteorológicos obligaron a 23,5 millones de personas a desplazarse. Como en años anteriores, la mayoría de esos desplazamientos internos estuvieron asociados a crecidas o tormentas y ocurrieron en la región de Asia-Pacífico.

En Somalia siguen produciéndose desplazamientos internos masivos a causa de la sequía y la inseguridad alimentaria. Desde noviembre de 2016 hasta diciembre de 2017, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados registró 892.000 desplazamientos motivados por la sequía.

En el Cuerno de África, a la limitada temporada de lluvias de 2016 le siguió una rigurosa estación seca durante enero y febrero de 2017 y una temporada de lluvias con escasas precipitaciones de marzo a mayo.

A partir de junio de 2017, más de la mitad de las tierras de cultivo de Somalia resultaron afectadas por la sequía, y desde diciembre de 2016 los rebaños disminuyeron entre un 40 y un 60 % debido al aumento de la mortalidad y las ventas a precios desfavorables, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y el Programa Mundial de Alimentos.

Ninguna parte del planeta está a salvo, tampoco América

En todos los continentes, 2017 fue uno de los seis años más cálidos de los que se tuvieran datos, clasificándose en segundo lugar América del Sur, tercera Asia, cuarta África, quinta Europa y América del Norte y Oceanía sextas. En América del Sur, se dieron el segundo verano y el segundo invierno más cálidos jamás registrados.

En el hemisferio sur, del 14 al 21 de junio se produjo un amplio episodio de nevadas en el sur de América del Sur, alcanzando la extensión del manto de nieve continental los 750.000 kilómetros cuadrados, la mayor desde que empezara la vigilancia satelital.

Si bien en 2017 no hubo ningún episodio de El Niño en toda la cuenca, se produjo un calentamiento muy pronunciado cerca de la costa de América del Sur a principios de año, que era el característico de este fenómeno.

Y por supuesto los huracanes

En agosto y septiembre de 2017, los tres grandes huracanes que llegaron en rápida sucesión al sur de los Estados Unidos de América y varias islas del Caribe batieron todos los récords de pérdidas y daños causados por fenómenos meteorológicos extremos de los registros modernos. Harvey, María y Inma alcanzaron categorías máximas en cuanto a la velocidad de sus vientos.

Más allá de los estragos humanos, según las estimaciones del Banco Mundial, los daños y pérdidas totales causados por el huracán María en Dominica ascendieron a 1,3 billones de dólares, lo que equivale al 224 % de su producto interior bruto (PIB), según contó en una entrevista con Noticias ONU, Andrés Orías, oficial de programas de la Organización Meteorológica Mundial.

 

También afecta a los océanos…

La temperatura en la superficie del mar a escala mundial en 2017 estuvo ligeramente por debajo de los niveles de 2015 y 2016, pero fue la tercera más cálida jamás registrada.

El contenido calorífico de los océanos, que es una medida existente en las capas superiores de los océanos hasta los 2000 metros, alcanzó nuevos niveles máximos sin precedentes en 2017.

En la Declaración se indica que la magnitud de casi todos los componentes específicos del aumento del nivel del mar se ha incrementado en los últimos años, en particular, el derretimiento del manto de hielo polar, principalmente en Groenlandia y, en menor medida, en la Antártida.

Por segundo año consecutivo, las temperaturas de la superficie del mar superiores a la media que se dieron en la costa oriental de Australia provocaron un blanqueamiento significativo de los corales de la Gran Barrera de Coral.

… y a la criosfera

A lo largo de 2017, la extensión del hielo marino se situó muy por debajo de la media del período 1981-2010, tanto en el Ártico como en la Antártida.

La extensión máxima de hielo marino del Ártico en invierno fue la más baja recogida en los registros satelitales. El valor mínimo estival fue el octavo más bajo registrado. Sin embargo, debido a la lenta congelación, la extensión del hielo marino volvió a descender a unos valores mínimos casi sin precedentes para el mes de diciembre.

La extensión del hielo marino de la Antártida se ubicó en niveles mínimos jamás registrados, o cerca de ellos, a lo largo de todo el año.

El cambio del balance de masa del manto de hielo de Groenlandia entre septiembre y diciembre de 2017 estuvo cerca de la media. Aunque se produjo un aumento global de la masa de hielo, esto tan solo constituye una pequeña desviación con respecto a la tendencia general a la baja observada en los dos últimos decenios, durante los cuales, desde 2002, el manto de hielo de Groenlandia ha perdido cerca de 3,6 billones de toneladas de masa.