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Lunes, 24 de setiembre de 2018 - 21:51 UTC

Nicaragua: Muchos buscan huir del país a medida que la crisis aumenta

Viernes, 15 de junio de 2018 - 10:11 UTC
A medida que avanza la represión, el aluvión de solicitudes de pasaportes se ha incrementado notablemente en las últimas dos semanas A medida que avanza la represión, el aluvión de solicitudes de pasaportes se ha incrementado notablemente en las últimas dos semanas
En ciudades como Masaya, localizada a 35 kilómetros al sureste de la capital Managua, los vecinos organizan centros de acopios de alimentos y refugios donde se trata a los heridos En ciudades como Masaya, localizada a 35 kilómetros al sureste de la capital Managua, los vecinos organizan centros de acopios de alimentos y refugios donde se trata a los heridos

A medida que la crisis se agrava en Nicaragua, la presión por parte de la sociedad que exige la renuncia del presidente Daniel Ortega se mantiene. Esto genera que, en muchas ciudades como Masaya, las calles estén bloqueadas con mas de 200 barricadas mientras sus vecinos se organizan para garantizar la seguridad y recolectar alimentos para los manifestantes que se encuentran atrincherados, resistiendo el asedio paramilitar contra la ciudad. Sin embargo, se ha registrado un desbordamiento de solicitudes de pasaporte en las últimas semanas.

Manifestantes, en su mayoría estudiantes, se atrincheran detrás de barricadas como forma de protestar y protegerse de la represión policial y parapolicial del régimen de Ortega. La crisis sociopolítica ha dejado ya 156 personas muertas, de acuerdo a las asociaciones de derechos humanos, a causa de unos enfrentamientos que llevan casi dos meses.

La jornada del jueves comenzó con un paro nacional de 24 horas convocado por la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia y dejó 2 muertos, uno de ellos un chico de 15 años que recibió un disparo en el pecho en la ciudad de León. La huelga, de carácter simbólico, buscaba exigir el fin de la represión gubernamental de cara a la reanudación del diálogo nacional este viernes.

Sin embargo, la violenta represión estatal ha provocado que ahora miles de nicaragüenses busquen desesperadamente tramitar los documentos de migración para huir a países vecinos de América Central.

El aluvión de solicitudes de pasaportes se ha incrementado notablemente en las últimas dos semanas, mientras hombres encapuchados armados vagan por las calles durante la noche a bordo de furgonetas y motocicletas, infundiendo temor entre manifestantes y sectores antigubernamentales.

Las filas en oficinas de migración son interminables, ya que familias y jóvenes intentan partir en particular hacia Costa Rica, el destino principal de los nicaragüenses desde la guerra civil de los años ochenta entre los sandinistas del presidente Daniel Ortega y los contras respaldados por Estados Unidos.

Nubia Manzanares, una agente migratoria, le dijo a AFP que “miles de personas vienen a preguntar sobre el papeleo” cada día.

Según el analista y ex diputado de la oposición Eliseo Núñez, parte de la estrategia de Ortega es incitar al pánico para desencadenar la migración, especialmente de la clase media, un sector especialmente antigubernamental que representa una piedra en el zapato al mandatario que lleva más de 11 años en el poder.

La gran mayoría de las carreteras del país están bloqueadas por manifestantes; el transporte y comercio se encuentran casi paralizados, dejando más de 70 millones de dólares en perdidas y hasta 150.000 empleos en peligro, según la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides).

Por su parte, la canciller de Costa Rica, Epsy Alejandra Campbell Barr, dijo la semana pasada que su gobierno está preparado para una afluencia masiva de nicaragüenses.

Ese país centroamericano también dijo días atrás que proporcionaría visas a familiares de diplomáticos acreditados en Nicaragua que quieran irse.

A pesar de las presiones sociales y políticas, todo parece indicar que Daniel Ortega está decidido a quedarse, y dispuesto a continuar los sangrientos enfrentamientos entre fuerzas armadas apoyadas por el gobierno y activistas que luchan con hondas y morteros caseros. “Sin importar el costo humano”, afirma Núñez, Ortega intentará “navegar entre los escombros y alcanzar el final”.