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Sábado, 23 de setiembre de 2017 - 20:12 UTC

México se prepara para reemplazar el programa (político) de Petrocaribe

Martes, 29 de agosto de 2017 - 19:56 UTC
El esquema de Petrocaribe lanzado en 2005 ofrece a una docena de miembros, suministros de crudo bajo un mecanismo flexible de crédito El esquema de Petrocaribe lanzado en 2005 ofrece a una docena de miembros, suministros de crudo bajo un mecanismo flexible de crédito

México ha comenzado a estudiar la posibilidad de reemplazar el programa venezolano de petróleo Petrocaribe si el Gobierno del presidente Nicolás Maduro se derrumba. Las discusiones sobre cómo diseñar créditos a través de los cuales México podría vender crudo y productos petroleros de bajo costo a los clientes de Petrocaribe en el Caribe y Centroamérica involucran a la secretarías de Hacienda, Relaciones Exteriores y Energía.

 El esquema de Petrocaribe de Venezuela, lanzado en 2005, ha ofrecido, a una docena de miembros, suministros bajo un mecanismo flexible de crédito, que exige un pago en efectivo de parte de cada envío y financia el resto con bajas tasas de interés o permite pagar con bienes como alimentos y ropa.

Pero el colapso de los precios del crudo causó una gran recesión en Venezuela. El Gobierno ha enfrentado meses de protestas y una creciente presión internacional de quienes lo consideran una dictadura.

Dos funcionarios mexicanos dijeron que las secretarías de Hacienda y de Relaciones Exteriores, que encabezan el proyecto, lo ven como un medio para que el undécimo productor mundial de crudo gane aliados regionales. Pero la secretaría de Energía es más cauta y está preocupada por el declive de la producción de hidrocarburos y de refinados en México.

La lealtad de las naciones de Petrocaribe con Venezuela evitaron que México y sus aliados consiguieran suficientes votos para censurar a Caracas en la Organización de Países Americanos, OEA. Y aunque el plan está en pañales y podría no materializarse, el que se esté discutiendo podría golpear el ya debilitado apoyo regional a Maduro.

México ha abandonado años de política exterior no intervencionista para presionar a Caracas con la esperanza de que sus esfuerzos sean reconocidos durante la crucial renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), dijeron funcionarios estadounidenses y mexicanos.

En su apogeo en 2012, los miembros de Petrocaribe recibieron 121,000 barriles por día (bpd) de crudo y productos refinados, según cifras oficiales. Pero el año pasado, ante la disminución de la producción y los ingresos de la estatal PDVSA, Venezuela envió solo 28,100 bpd bajo el programa.

Si bien es muy temprano para decir cuánto abastecimiento consideraría México, se sabe que las naciones del Caribe y Centroamérica en conjunto reciben cerca de 275,000 bpd.

En 1980, Venezuela y México se asociaron en el llamado Acuerdo de San José para proveer a Centroamérica y el Caribe de crudo así como financiamiento para proyectos de desarrollo. Ese acuerdo acabó en 2008.

Aún no está claro si el esquema sería similar al Acuerdo de San José o uno nuevo, dijeron las fuentes. Pero la semana pasada, PMI, el brazo comercial de estatal mexicana Pemex, redactó un documento sobre cómo funcionaba el Acuerdo de San José.

Venezuela ofrece un acuerdo aún más beneficioso a Cuba, su más cercano aliado, que ha recibido miles de millones de dólares de petróleo venezolano y ha respaldado a Maduro.

Pero la recesión venezolana redujo el suministro de crudo a la isla en los últimos años por lo que La Habana ha limitado las ventas minoristas de combustible y ha pedido ayuda a Moscú.

El ministro de relaciones exteriores de México Videgaray visitó La Habana hace días buscando convencer a Cuba para que le ayude a resolver el conflicto en Venezuela y dar garantías de que México lo apoyará si Maduro cae.

“Le fue bien al canciller”, dijo uno de los funcionarios. “El diálogo fue muy constructivo y regresó contento; que hayan escuchado nuestros argumentos es positivo”.

Una de las fuentes dijo que el plan petrolero mexicano se cocinó en junio en Miami, donde altos funcionarios estadounidenses, incluyendo el entonces secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, y el vicepresidente, Mike Pence, se reunieron con líderes de México y Centroamérica.