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Lunes, 23 de octubre de 2017 - 20:38 UTC

Trump endurece nuevamente las relaciones con Cuba

Viernes, 16 de junio de 2017 - 20:27 UTC
Mientras no haya libertad, se restablecerán restricciones Mientras no haya libertad, se restablecerán restricciones

Dos años y medio después de que Obama y Raúl castro iniciaran el deshielo que condujo al restablecimiento de relaciones diplomáticas después de medio siglo de corte, entre Estados Unidos y Cuba, Donald Trump vuelve a apostar por el enfrentamiento.

 El presidente estadounidense ha decidido poner paños fríos a la relación con Cuba, pagando tributo así al apoyo recibido en su campaña electoral de parte de los sectores anticastristas. Es así que limitará los viajes a la isla, prohibirá el flujo comercial con el poderoso conglomerado militar (60% de la economía) y retomará a la retórica del enfrentamiento, marcando así el triunfo de la línea dura.

“La política de Obama solo ha servido para incrementar la represión. Vamos a dar marcha atrás y dar el poder al pueblo cubano frente a los elementos represivos del régimen. Habrá cotas, de forma que si hay liberación de presos o elecciones, avanzaremos”, señala un portavoz de la Casa Blanca, citado por El País de Madrid.

La actitud de Trump se enmarca en su continua insistencia en demoler el posible legado de su predecesor. Así actuó con el Obamacare, y así actúa en referencia a Cuba. Sin embargo, como toda reforma profunda, muchas veces es difícil de deshacer. Algunas medidas no se tocan: las remesas permanecen, no se prohíben los vuelos comerciales ni el tráfico de cruceros y tampoco se reimplanta la política de pies secos, pies mojados que permitía a los cubanos entrar sin visa en EEUU.

A pesar de ello, el golpe no deja de ser duro, y el objetivo principal es quitarle incentivos al trato con el régimen castrista. Para ello prohíbe, salvo alguna excepción aeroportuaria y marítima, toda transacción financiera con el conglomerado militar. El principal afectado será el Grupo de Administración Empresarial (Gaesa), un paraguas empresarial bajo el que las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia controlan el 60% de la economía cubana. Infinidad de hilos de capital en la isla pasan por esta corporación. Hoteles, entidades de exportación e importación, supermercados, cadenas de ropa, recepción de remesas, restaurantes, marinas, transferencias bancarias, alquiler de inmuebles... Poner un candado al comercio con Gaesa afecta a toda la actividad económica del país, estatal y de pequeños empresarios, pues los tentáculos del conglomerado apenas dejan rincones sin tocar.

El otro gran retroceso lo experimentarán los viajes a la isla. Aunque el turismo seguía prohibido con Obama, los desplazamientos se dispararon gracias a la creación de 12 categorías de viaje, que incluían desde visitas familiares a proyectos humanitarios y actividades culturales, y ello permitía que casi cualquier estadounidense pudiese visitar Cuba. Solo en los cinco primeros meses de este año, 285.000 ciudadanos de EEUU viajaron a la isla, tantos como en todo 2016, y se calculaba que si la dinámica siguiese sin trabas a finales de año la cifra superaría los 400.000.

Con el fin de congelar esta floreciente actividad, Trump va a exigir un mayor control administrativo de cada viaje y se dispone a estrangular una de las modalidades más extendidas, la denominada “persona a persona”, que permite desplazarse a Cuba fuera de grupos organizados alegando motivos educacionales.

“Mientras no haya libertad, se restablecerán restricciones”, afirmó el portavoz.

El giro responde a un interés electoral de Trump. En sus albores, cuando era aspirante a las primarias, se declaró partidario del deshielo, pero a medida que fue necesitando fuerzas para batir a Hillary Clinton derivó hacia posturas más intransigentes, logrando el apoyo del anticastrismo y de senadores como Marco Rubio en Florida, un Estado que fue clave para su victoria en los comicios de noviembre.

Este viernes Trump presentará su nueva política sobre Cuba con un discurso en Miami. La oratoria se celebrará en un espacio simbólico para el exilio duro, el Teatro Manuel Artime de La Pequeña Habana, nombrado en honor de uno de los líderes de la Brigada 2506 que desembarcó en Bahía de Cochinos para tratar de derrocar a Fidel Castro.

La invasión de Bahía de Cochinos, conocida también como de Playa Girón, fue una operación militar en la que tropas de exiliados cubanos apoyados por estados Unidos invadieron la isla en abril de 1961 y fueron derrotados en menos de tres días.