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¿Será José “Pepe” Mujica el próximo presidente uruguayo?*

Lunes, 21 de setiembre de 2009 - 10:11 UTC

Los próximos días serán decisivos para ver cómo las manifestaciones de Mujica llegaron al electorado.

 

Entonces veremos como su capacidad para rehacerse de sus errores, o la habilidad de sus adversarios para presentar la imagen de alguien que no está capacitado para ser presidente, se trasladan a las encuestas.

De todos modos, lo que queda claro es que gane quien gane no habrá bandazos en la política uruguaya ni tentaciones para tirar por la borda la obra del pasado. A esto se añade el hecho de que la personalidad de Mujica no deja indiferente a absolutamente nadie, lo cual sólo es posible en un país como Uruguay, donde las instituciones y los partidos tienen una solidez poco comparable en algunos países del vecindario".

El próximo 25 de octubre habrá elecciones presidenciales y parlamentarias en Uruguay. Compitiendo por la primera magistratura se enfrentan José "Pepe" Mujica, del oficialista Frente Amplio (FA); el ex presidente Luis Alberto Lacalle, del Partido Nacional o Blanco y Pedro Bordaberry del Partido Colorado. Mujica encabeza las últimas encuestas con el 45% de los votos, seguido por Lacalle, 34,3% y Bordaberry, 9,7%. Por detrás, otros partidos menores y un número no pequeño de indecisos. Según la legislación uruguaya, que prohíbe la reelección, si ningún candidato logra la mayoría absoluta, habrá una segunda vuelta el 29 de noviembre.

Los candidatos fueron elegidos en elecciones internas. En el FA se batieron duramente Mujica, con el apoyo del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) y del Partido Comunista, y el ex ministro de Economía, Danilo Astori, respaldado por el presidente Tabaré Vázquez y los sectores más socialdemocrátas de la amplia coalición gobernante. Tras la victoria Mujica logró sumar a Astori como su segundo.

Mientras el FA aspira a ganar en primera vuelta, Lacalle cree que su turno llegará en la segunda. Las posibilidades de ambos dependen en buena medida de la capacidad del Partido Colorado, el tercero en discordia, de recuperar parte del voto urbano que en las elecciones pasadas apostó por Vázquez. Si Mujica logra retener a los votantes de los sectores medios e independientes tendrá más chances; por el contrario, sus posibilidades mermarían si pierde su apoyo.

En la lucha por el corazón de las clases medias urbanas, las menos decantadas ideológicamente, es donde "Pepe" Mujica se la juega. El ex ministro de Agricultura es, a sus 74 años, uno de los políticos más populares de Uruguay. Su tirón descansa en su capacidad de no callarse, de no estar pendiente de lo políticamente correcto y de seguir el dictado de su conciencia. Para colmo, este ex dirigente tupamaro, que pasó 14 años en las cárceles de la dictadura militar, tiene un marchamo de honestidad a toda prueba. Pero sus mayores virtudes pueden ser también sus mayores defectos.

Recientemente se publicó en Montevideo el libro Pepe coloquios, del periodista frenteamplista Alfredo García. El libro recogía el resultado de más de 28 horas de grabación, con Mujica, que se despachaba a gusto sobre lo divino y lo humano, la política de su país, su pasado guerrillero, la justicia y la política de derechos humanos y sobre Argentina, los argentinos y los Kirchner. El periódico bonaerense La Nación le entrevistó recientemente y su testimonio es una buena síntesis de sus pensamientos (http://www.pepetalcuales.com.uy/articulo/23/). Lo publicado primero por La Nación, y, posteriormente, por el libro sirvieron la polémica.

Las críticas llovieron sobre Mujica y Lacalle intentó sacar partido del traspié de su rival. Mujica lo reconoció en su blog (www.pepetalcuales.com.uy). En el artículo "A lo hecho, pecho", donde dice haber sido engañado por García, que nunca le había dicho que las entrevistas se reproducirían textualmente, señaló: "Nunca se es demasiado viejo para aprender. En estos días estoy tomando dos cursos acelerados: el primero para aprender a callarme la boca un poco más... El otro para no ser tan nabo [tonto]... Me engañaron alevosamente y perdí. Mis adversarios se hicieron una fiesta ¡que la disfruten! Pero vayan sabiendo que es la última vez que ocurre.".

La entrevista retrata a Mujica "tal cual es". Con sus defectos y sus virtudes. Entre las primeras su incapacidad para callarse, su falta de distancia con su experiencia guerrillera, a la que no termina de condenar abiertamente, su escasa diplomacia, especialmente ejemplificable con sus vecinos. Del matrimonio gobernante argentino dijo: "Los Kirchner son de izquierda, pero una izquierda que, mamma mia , una patota" y de Argentina que "no llegó al nivel de democracia representativa" y su "institucionalidad no vale un carajo". Ante estos dichos, el presidente Vázquez, que no apoyó su candidatura, dijo: "No comparto algunas [expresiones de Mujica]. Sobre todo aquellas criticando a todo y a todos, a veces con una actitud pontifical, en un terreno filosofal, quedando preso de muchas de estas expresiones. Algunas son simplemente estupideces".

Sin embargo, su explosividad también permite calibrar al personaje. Su apuesta por Lula y su menor afecto, al menos en los papeles, por Chávez, a quien critica por hablar demasiado, aunque lo defiende en otros aspectos, es expresiva. A Chávez le dijo: "Mirá que vos no construís ningún socialismo. Acá te va quedar una burocracia que sabés lo que es, ¿no?". También reconoce la dependencia del petróleo venezolano y el potencial exportador para los lácteos uruguayos en Venezuela. De Cuba dijo que "se cae a pedazos, se cae de vejez".

La entrevista sirvió igualmente para mandar algunas señales de tranquilidad a los mercados y al establishment local, comenzando por dejar en manos del más confiable Astori la economía y las relaciones con Estados Unidos. Lo primero, según sus palabras "es un gesto como para decirle al establishment: política sin barquinazos, sin cambios bruscos ni nada por el estilo". Por eso mantendrá la actual política económica: "con una previsibilidad medible. Nada de aventuras. Eso lo que el queremos transmitir".

Tampoco está a favor de impulsar una reforma constitucional a cualquier precio: "La Constitución merece reformarse, pero no gastaría pólvora en chimangos si no hay acuerdo con la oposición: una cosa es reformarla y otra es tener una guerra interna. No vamos a partir el país por cambiar una letra a la que después le damos pelota más o menos. No creo en el progreso manuscrito". Lo mismo se puede decir de su política de derechos humanos: "no quiero tener [militares] viejos presos. Viejos de 75, 80 años". Para él, la búsqueda de justicia en lo relativo a las violaciones pasadas de derechos humanos es una especie de venganza: "Yo quiero saber la verdad, pero en la Justicia no creo un carajo". Este aspecto de su declaración levantó, como no podía ser de otra manera, una verdadera polvareda.

Los próximos días serán decisivos para ver cómo las manifestaciones de Mujica llegaron al electorado. Entonces veremos como su capacidad para rehacerse de sus errores, o la habilidad de sus adversarios para presentar la imagen de alguien que no está capacitado para ser presidente, se trasladan a las encuestas. De todos modos, lo que queda claro es que gane quien gane no habrá bandazos en la política uruguaya ni tentaciones para tirar por la borda la obra del pasado. A esto se añade el hecho de que la personalidad de Mujica no deja indiferente a absolutamente nadie, lo cual sólo es posible en un país como Uruguay, donde las instituciones y los partidos tienen una solidez poco comparable en algunos países del vecindario.

(*) Análisis por Carlos Malamud  - Infolatam

 

Categorías: Política, Uruguay.